miércoles, 9 de abril de 2014

(4) LA PALABRA LIBERTADA. QUINCE REFLEXIONES PERSONALES (Y TRANSFERIBLES) SOBRE UN QUINCENIO POÉTICO. / Julio Vélez





5. 1979: La creación es una actividad solitaria.

La nostalgia del pasado conduce a la fatiga del presente. No conozco olivos que den manzanas, ni manzanos que den melones. Aparecen nuevos argumentos: la creación es una actividad solitaria que expresa la condición humana en su aspecto individual. Lo único que puede el escritor es explicarse a sí mismo, profetizan. Como si uno pudiera explicarse a sí mismo sin los demás, como si uno fuera una abstracción en un espacio incontaminado. Se confunde al tocino con la velocidad. A la marginación creativa con el individualismo mezquino. Creo que los que así piensan no aspiran a explicarse ni a sí mismos ni a nadie, sino tan solo a justificar su disfraz, sus palabras huecas, el juego de los artificios de sus poemas, el crimen de las palabras.

6. 1980: La marginación no es individualismo

San Juan escribió sus poemas físicamente desde la cárcel, poéticamente desde la marginación consciente, y conozco pocos textos amatorios con los que pueda identificarme como con el Cántico. Vallejo escribió Trilce desde el último rincón del dolor y pocas veces el dolor ha tenido más sonidos. Hölderlin, en la buhardilla del carpintero Zimmer, escribió sus últimos poemas y nos dio una magistral lección sobre la realidad poética. Cuando le pedían que firmara alguno de sus poemas lo hacía con el nombre de Scardanelli y le añadía la fecha. Si contamos los años, comprobaremos que Scardanelli vivió cien años más que Hölderlin. Es decir, que dentro de Hölderlin –que falleció a los stenta y tres años- vivió Scardanelli durante ciento ochenta y siete años. Para mí aceptar este principio es esencial para hablar de realidad poética. Podrá argumentarse que Hölderlin padeció locura –que es verdad- pero, sin embargo, aunque muchas veces se asegure lo contrario, un poeta no es un loco. Realizan funciones distintas con las palabras. Para el loco no existe la antítesis. La marginación creativa no es individualismo mezquino, sino soledad sonora, como decía Cernuda.



Julio Vélez
(AA.VV. / “DEL FRANQUISMO A LA POSMODERNIDAD”)



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